¿Qué pasó después de la Resurrección?
Los cristianos deberíamos reflexionar más sobre esta pregunta; porque la respuesta que demos va a determinar nuestra manera de vivir.
Hechos 1:1-11 comienza a responder esta pregunta y nos dice que después de la resurrección, durante 40 días, Jesús se les apareció vivo y enseñó a sus discípulos sobre el reino de los cielos. Los discípulos no le vieron levantarse de la tumba, pero le vieron resucitado, le vieron ascender a los cielos, escucharon la promesa del Espíritu Santo y de Su regreso. La ascensión de Jesús no fue una despedida triste, sino una coronación gloriosa y el inicio de la misión de la Iglesia. Fueron días de enseñanza, confirmación y preparación para la misión más grande de la historia: llevar el evangelio hasta lo último de la tierra. En esos días, Jesús no solo probó que estaba vivo, sino que encendió en sus seguidores una fe inquebrantable.
Durante 40 días…
Jesús confirmó la verdad de Su resurrección… y la nuestra (1:3)
Jesús se presentó vivo, y no fueron “algunas” sino con muchas pruebas convincentes. Esto quiere decir que la evidencia de la resurrección es tan real que no hay posibilidad de dudas. Jesús no se mostró abiertamente a todas las personas.
Jesús enseñó sobre el Reino de Dios (1:3, 6-7)
No habló de política, ni de venganza, ni de territorio sino del Reino eterno. Les recordó que el Reino no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo. Nuestra misión no es construir reinos humanos, sino vivir y anunciar el Reino de Dios.
Jesús prometió el Espíritu Santo quien nos capacita para la misión (1:4-5, 8)
La misión no se cumpliría con fuerza humana, sino con poder divino. Es el Espíritu Santo el que nos capacita para ser testigos en todo lugar.
Esta promesa se cumple diez días después, en la fiesta de Pentecostés (Hechos 2). Donde aquellos mismos que se movían dubitativos y con miedo, ahora comparten con denuedo el mensaje de vida en Jesucristo. Quien es testigo de la resurrección de Jesucristo no puede permanecer callado.
Jesús ascendió a los cielos y la promesa de su regreso (1:9-11)
• Este mismo Jesús…
• Vendrá otra vez…
• De la misma manera en que le vieron irse.
Estas son palabras de consolación; no solo para los discípulos que le vieron ascender, sino para todos aquellos que han creído en Jesús.
¿Qué implicaciones tiene esto para la iglesia hoy?
La tumba vacía y el testimonio de los discípulos nos llama a creer en la resurrección.
La ascensión al trono de gloria nos llama a obedecer y adorar a Jesucristo.
Hoy vivimos entre la ascensión y el regreso de Cristo; es nuestro tiempo de testificar, servir y vivir en la esperanza segura de Su segunda venida.
Debemos recordar que la misión se cumple con poder divino. La misión no se hace con nuestros planes (aunque debemos planificar, tomar decisiones, y movernos a la acción), no se hace en nuestras fuerzas (aunque debemos esforzarnos, ser valientes y permanecer firmes aun cuando las fuerzas flaqueen) y no se hace con nuestros recursos (aunque debemos estar dispuestos a darlo todo al Señor).
Vivamos como ciudadanos del Reino, sabiendo que nuestro Rey vive, reina y pronto regresará.