Exhortación a la gratitud
A lo largo de las Escrituras somos exhortados a dar gracias y ser agradecidos porque esto honra a Dios (Salmo 50:23) y es la voluntad de Dios (1 Tes 5:18). Estos dos motivos mencionados deberían ser más que suficiente para sumergirnos en un mar de gratitud hacia Dios, pero, lamentablemente, nos encontramos luchando con un corazón orgulloso que no busca honrar a Dios ni hacer su voluntad.
¿Qué se dice? Es la pregunta que todos los padres hacemos a nuestros hijos cuando son pequeños. Confieso que muchas veces dije “gracias” de mala gana, pero en cada ocasión mis padres se dieron cuenta y corrigieron mi actitud; porque una cosa es “decir” gracias y otra muy distinta es “ser agradecido” de corazón.
Algo parecido a esto sucedió cuando Jesús, en una de las tantas ocasiones en que confrontó la hipocresía de los escribas y fariseos, citó al profeta Isaías para describir la actitud de estos: “porque este pueblo se acerca con su boca, y me honra solo con sus labios, pero su corazón está lejos de mí…” (Isaías 29:13 RVA)
Cuando nuestras palabras dirigidas a Dios son solamente “palabras de la boca para afuera”, Dios se da cuenta y reconoce que nuestro corazón está alejado de Él. Por eso, constantemente debemos evaluar que nuestras expresiones de gratitud no sean solo palabras que digamos sino, más bien, palabras que vivamos.
El salmo 100 es una exhortación a la gratitud. Nos enseña cómo acercarnos a Dios y expresarle alegremente acción de gracias en un acto de adoración genuina.
1.Un corazón agradecido nace de aquel que reconoce quién es Dios.
En el v.3 encontramos el corazón del salmo: “¡Reconozcan que el Señor es Dios!”
La gratitud surge de aquel que reconoce quién es Dios: Él es Dios, Él nos hizo y Él es nuestro dueño. Mientras este reconocimiento no ocurra, nuestro corazón solo puede reflejar nuestra soberbia y orgullo personal (Rom 1.21)
2. Un corazón agradecido es consciente de Dios y de los demás.
El salmo es una invitación dirigida a la comunidad; todo el salmo está en plural.
Las personas agradecidas piensan, hablan y tienen un lugar para los demás. En cambio, las personas desagradecidas se centran en sí mismas, en sus propios problemas, necesidades, deseos, sentimientos, etc.
3. Un corazón agradecido es un corazón que desborda alegría (v.1-2)
Todo el salmo desborda de alegría. Cantar, servir y venir a Dios es un privilegio que da gozo. Las personas agradecidas disfrutan de un sentido de plenitud y gozo; han aprendido a contentarse con lo que tienen. En cambio, la persona desagradecida cae en un sentido de vacío e insatisfacción. No importa lo poco o mucho que tenga, nunca está satisfecha porque cree que merece más de lo que tiene; y así contamina su corazón, el de su hogar y todas sus relaciones.
4. Un corazón agradecido entra con acción de gracias (v.4)
Quien reconoce a Dios por quién es y por todo lo que ha hecho, hace y hará, se acercará a Dios dándole gracias. En cambio, la persona desagradecida entra con protestas, quejas y pedidos egoístas. Lo que debería ser alabanza se transforma en “quejabanza”.
5. Un corazón agradecido bendice el nombre de Dios (v.5)
Nosotros bendecimos el nombre de Dios cuando reconocemos su autoridad y nuestra conducta refleja su voluntad y carácter. Mas allá de cualquier circunstancia que estemos atravesando, Dios es digno de toda adoración y merece nuestra gratitud: porque el SEÑOR es bueno. Para siempre es su misericordia, y su fidelidad por todas las generaciones.
En conclusión, la gratitud es más que palabras, es una disciplina que debemos aprender y practicar. Ser agradecidos revela una actitud humilde, de reconocimiento y dependencia de Dios; que fortalece nuestra fe porque nos enfoca en la persona de Dios, quien transforma nuestra perspectiva de las circunstancias presentes y nos ayuda a mirar un futuro lleno de esperanza.
¿Cuán lejos o cerca está tu corazón de Dios? ¿Cómo está tú corazón? ¿Qué expresa la abundancia de tu corazón? Hoy, es tiempo de dejar atrás las quejas, y de tomar la decisión de ser una persona agradecida.