El acto de amor hacia Jesús que siempre será recordado

El acto de amor hacia Jesús que siempre será recordado

Los cuatro evangelios relatan la historia de manera diferente, pero concuerdan con el mismo significado. Marcos lo ubica en la última semana de Jesús donde cada acto toma un significado profético. Después de haber entrado a Jerusalén y ser recibido con alegre aclamación, la tensión comienza a notarse más. Jesús se confronta a los vendedores del templo y maldice una higuera en el camino resaltando la infructuosa vida religiosa del pueblo judío. En medio de esa oposición se produce un acto de amor y humilde adoración hacia Jesús que aún hoy seguimos recordando, tal como Jesús lo dijo: “De cierto les digo que dondequiera que este evangelio sea predicado en todo el mundo, también será contado lo que esta mujer ha hecho, para memoria de ella” (Mateo 26:13).

Mateo nos da el detalle que este acto ocurre dos días antes de la Pascua (26:2) y lo describe así: “Estando Jesús en Betania, en casa de Simón el leproso, vino a él una mujer trayendo un frasco de alabastro con perfume de gran precio y lo derramó sobre la cabeza de Jesús mientras estaba sentado a la mesa” (Mateo 26:6-7).

Jesús explicó que la razón de este acto de amor, ungir con perfume, está relacionado a su inminente muerte y entierro: “al derramar este perfume sobre mi cuerpo, ella lo hizo para prepararme para la sepultura.” (26:12)

Jesucristo es el Rey prometido. Este acto también es una referencia a la realeza de Jesús. En el Antiguo Testamento, la unción a menudo se relacionaba con el nombramiento de reyes (1 Samuel 10:1 y 1 Reyes 1:38-40).

Jesucristo es el Ungido de Dios. Su nombre no es coincidencia. La palabra hebrea Mesías como la palabra griega Cristo significan lo mismo: "ungido". Además, en su bautismo, Jesús es "ungido" por Dios con el Espíritu Santo para llevar adelante la obra que Dios le había encomendado (Hechos 10:38 y Lucas 4:18).  

Ahora, por medio de esta mujer, el Rey de los cielos se está preparando para morir, ser sepultado y resucitar al tercer día para salvar al mundo de sus pecados. 

¡Qué significado tan hermoso! Un acto de amor y humilde adoración fue la preparación de Aquel que ofreció su vida para la salvación y el perdón de todos nosotros pecadores. “El Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.” (Mateo 20:28)

Dios permita que al reflexionar en este acto de amor nos inspire a ofrecer nuestras vidas en servicio y adoración constante al Salvador. Recordando que cada acto de servicio al prójimo, motivado por un amor sincero, deja huellas profundas en la vida de aquellos a quienes ofrecemos esos actos de servicio y amor.  A través de los años se ha predicado y se seguirá enseñando para memoria de esta mujer: un acto de amor puede trascender de generación en generación.